La Rúbrica

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Vol. XIV · Núm. 833
México

La diversidad lingüística de las señas en México y el mundo

Más de 70 millones de personas sordas emplean 300 lenguas de señas distintas, destacando la importancia de la Lengua de Señas Mexicana como patrimonio lingüístico.

Redacción La Rúbrica
Foto: excelsior.com.mx

En el marco de la conmemoración global de las lenguas de señas, especialistas destacan que existen más de 300 sistemas comunicativos visuales en el mundo, utilizados por una comunidad global de más de 70 millones de personas sordas. Lejos de ser un código universal, cada lengua de señas ha evolucionado de manera independiente, adaptándose a las estructuras gramaticales, contextos culturales y necesidades sociales de sus respectivas regiones geográficas.

En el contexto nacional, la Lengua de Señas Mexicana (LSM) se erige como el eje fundamental de identidad para la comunidad sorda del país. A diferencia de lo que comúnmente se cree, la LSM no es una simple representación manual del español, sino un idioma complejo con su propia sintaxis, morfología y semántica. Su aprendizaje es esencial para garantizar la inclusión efectiva en los ámbitos educativo, laboral y de salud, cumpliendo con los derechos lingüísticos establecidos en la normativa nacional.

La gran diversidad de lenguas de señas responde a la historia y al desarrollo particular de cada cultura, tal como ocurre con las lenguas orales. Así como el español, el náhuatl o el maya poseen estructuras distintas, las lenguas de señas varían en sus configuraciones manuales, movimientos y expresiones faciales que actúan como marcadores gramaticales. Por ello, la idea de una lengua de señas universal resulta un mito que ignora la riqueza de la identidad de las personas sordas en cada país.

Actualmente, las instituciones educativas y de cultura trabajan en la promoción del uso de la LSM para romper las barreras de comunicación en espacios públicos y privados. La integración de intérpretes certificados en servicios gubernamentales y la capacitación del personal en dependencias públicas representan pasos fundamentales para asegurar que las personas sordas ejerzan su derecho a la información y participación plena en la vida democrática de México.

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