La Rúbrica

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Vol. XIV · Núm. 833
México

Nobel de Química 2026: el enigma de las moléculas espejo

Henri Kagan y Kenso Soai fueron galardonados por descubrir cómo la quiralidad molecular influye en la formación de la materia biológica.

Redacción La Rúbrica
Foto: eleconomista.com.mx

La Real Academia Sueca de Ciencias otorgó hoy el Premio Nobel de Química 2026 a los investigadores Henri Kagan y Kenso Soai. El reconocimiento destaca sus hallazgos fundamentales sobre las moléculas espejo, también conocidas como moléculas quirales, que explican cómo pequeñas asimetrías pueden amplificarse hasta dominar la composición química de los seres vivos. Este descubrimiento arroja luz sobre uno de los mayores enigmas de la ciencia: por qué la vida en la Tierra eligió una orientación molecular específica para sus componentes básicos, como los aminoácidos y los azúcares.

En términos químicos, la quiralidad ocurre cuando una molécula y su reflejo no pueden superponerse, tal como sucede con nuestras manos izquierda y derecha. Aunque estas estructuras son idénticas en composición, su comportamiento en entornos biológicos es radicalmente distinto. Kagan y Soai demostraron, a través de modelos experimentales de alta precisión, que una mínima diferencia inicial en la proporción de estas moléculas puede desencadenar una reacción en cadena. Este proceso, denominado amplificación asimétrica, permite que una forma predomine sobre la otra hasta alcanzar una configuración única en sistemas complejos.

La comunidad científica internacional ha recibido este galardón con entusiasmo, subrayando su relevancia para sectores que van desde la medicina avanzada hasta la ciencia de materiales. En México, investigadores del CONAHCYT y especialistas de la UNAM han señalado que este avance podría facilitar el desarrollo de fármacos más seguros y eficaces. Al comprender mejor cómo se seleccionan estas moléculas, los laboratorios podrán diseñar medicamentos que interactúen de forma más precisa con el organismo humano, reduciendo posibles efectos secundarios derivados de una configuración molecular errónea.

Este hallazgo no solo resuelve una pregunta teórica sobre el origen de la vida, sino que también abre nuevas rutas para la síntesis química industrial. La capacidad de controlar la quiralidad es esencial para fabricar compuestos que funcionen correctamente en procesos biológicos, una tarea que ha sido un desafío constante para la industria farmacéutica. Con este Nobel, la ciencia da un paso decisivo hacia la manipulación controlada de la materia a escala atómica, prometiendo aplicaciones prácticas que transformarían la medicina moderna y la biotecnología en los próximos años.

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